En la camioneta…

(Basado en un hecho que tal vez llegue a ser real)

Un joven en proceso de convertirse en delincuente se sube con pistola al cinto, bien escondida, a una camioneta en el oeste de Caracas. Hace un recorrido normal hasta el punto donde se quiere bajar y proseguir su camino. En el momento de aproximarse a la salida para pagar, ve una oportunidad para dar una demostración de su pretendido malandrismo e impartir miedo a quienes estén cerca de él.

Le da al conductor un billete de dos bolívares, a sabiendas que el pasaje al día de hoy (4-12-2012) tiene el precio de cuatro.

El conductor le mira intrigado. Le había pasado sólo dos veces, y por descuidos. Pero en esta ocasión, el pasajero se le queda viendo de manera desafiante.

— Son cuatro — dice el chofer.

— ¡Yo sé que son cuatro, güevón! (sic)  ¿Qué pasa?

— Nada, chamo, que son cuatro bolívares.

— Bueno, ¿y si no me da la gana de darte los cuatro bolívares, gafo? —  dice el delincuente, agitando un brazo para realzar el efecto intimidatorio.

— ¡Yo no sé, chamo, yo sólo sé que el pasaje son cuatro bolos!

Ya suficientemente extrañado de que el chofer peleara tanto, porque uno normal ya le hubiera dicho que se fuera por el miedo, el aplicante a delincuente sentencia: — Bueno, pa’ mi son dos bolos, pue’ — dice mientras saca lentamente su pistola del cinto, para exclamación del resto de los pasajeros de la camioneta.

Y, en tres movimientos, el chofer saca a relucir y recarga una AK-47, con la que le apunta directo a sus genitales.

— Te faltan dos, amigo.

— ¿Los quieres en monedas de cincuenta, mi pana? — dijo el delincuente al meter su mano nerviosa en el bolsillo.

MORALEJA: El otro no es más macho que tú porque no te tenga miedo, sino porque tiene un arma más grande que la tuya, y de paso mucho mejor.