El muerto caminante y el asesino fallido

Momentos después del atentado a Rudi Dutschke, 11 de abril de 1968.

Momentos después del atentado a Rudi Dutschke, 11 de abril de 1968.
Imagen tomada de Rudi Dutschke, disponible en Keirin Berlin.de.

Su nombre era Josef Bachmann. Nació en Reichenbach im Vogtland, Alemania, en 1944. Tuvo un padre muy desinteresado, en el sentido de que jamás le prestó atención, nunca se preocupó por darle cuidados y mucho menos amor. En cambio, su tío era quien funcionaría como una figura paterna, siendo un librepensador que fue encarcelado en una prisión de la Alemania Oriental bajo cargos de “agitación política”; es decir, por criticar públicamente a los políticos. Finalmente, toda la familia emigró al lado occidental en 1956 y se asentó en el Ruhr.

Josef fue un niño con problemas. Desde muy pequeño había sido internado en un hospital al diagnosticársele tuberculosis pulmonar. Ya de grande, se caracterizó por tener un pobre rendimiento en la escuela. Comenzó laborando como obrero, pero fue incapaz de tener un trabajo estable, y a menudo se involucraba en robos y hurtos. Intentó buscar suerte en Francia, pero fracasó y tuvo que regresar a Alemania, donde fue trabajador del hierro y pintor de casas. Para compensar sus posibles sentimientos de inferioridad y minusvalía, así como buscar drenar su furia a causa de una vida llena de frustraciones, Bachmann se juntaba con grupos de extrema derecha y posibles neonazis, practicaba frecuentemente tiro al blanco con ellos, conservaba un retrato de Hitler en su apartamento y se volvió un ávido lector del Deutsche National-Zeitung. Era entonces la época de un fuerte enfrentamiento entre el gobierno de la Alemania Occidental y la Fracción del Ejército Rojo, un movimiento guerrillero urbano de izquierda radical.

Rudi Dutschke, 1968.

Rudi Dutschke, 1968.
Imagen tomada de Homenaje al asesinado líder de revueltas de 1968, disponible en la Deutsche Welle.

Un día, Bachmann encontró un encartado dentro del National-Zeitung en el que había una foto de un dirigente estudiantil izquierdista, con la inscripción: “¡Detengan a Dutschke ahora! De lo contrario habrá guerra civil”, y fotos del personaje aludido. Este estudiante, Rudi Dutschke, apodado informalmente como “Rudi el Rojo”, era uno de los líderes más connotados del movimiento estudiantil izquierdista (el “Movimiento del 68”) en Alemania Occidental y Berlín Oeste. Aunque era claramente un socialista y anti-imperialista que se manifestaba virulentamente contra la actividad estadounidense en la Guerra de Vietnam, no coincidía mucho con el perfil clásico del revolucionario sesentoso: se opuso a toda forma de dictadura, incluso a la de los países del Pacto de Varsovia, apoyaba el surgimiento de los países del tercer mundo, y creía en Dios. Aún así, era visto como peligroso por la extrema derecha, y la fijación de Bachmann con Dutschke creció hasta que tomó una decisión.

El 10 de abril de 1968, con 23 años de edad, Bachmann se trasladó desde Múnich hasta Berlín Oeste. Al día siguiente, el 11 de abril (un Jueves Santo), Bachmann se apostó cerca de la sede de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes (SDS por sus siglas originales), en el cruce de la Avenida Kurfürstendamm con la Joachim-Friedrich-Straße, y allí esperó a que Dutschke pasara por el sitio. Como en efecto ocurrió.

Dutschke salió en su bicicleta para ir a una farmacia, y en ese momento, a las 4.38 pm, Bachmann se le acercó y le preguntó: “¿Usted es Rudi Dutschke?”. Su interlocutor, sin temer nada malo, le respondió que sí. Fue entonces cuando Bachmann le gritó sonoramente:

Du dreckiges Kommunistenschwein!

(¡Sucio cerdo comunista!)

Y le disparó tres veces.

Primero en la cabeza, luego otra vez, y dando el último en un hombro. Con la conmoción del momento, Bachmann se dio a la fuga y se escondió en un taller de carrocería cercano. Dutschke, ante la mirada atónita de los transeúntes, se tambaleó por la calle y logró balbucear unas incoherencias antes de caer desmayado. Mientras tanto, Bachmann engullió unas pastillas para dormir intentando de suicidarse -sin éxito-, a medida que se enfrentaba a tiros con la policía, que terminó por arrestarlo. Más tarde, declararía su frustración al saber que Dutschke seguía vivo.

Sí. Por increíble que parezca, Dutschke sobrevivió a tales heridas fatales. Quedó, sin embargo, con un daño cerebral tan grave que tuvo que volver a aprender a hablar y leer otra vez, además de recuperar su memoria. Los izquierdistas indignados respondieron al atentado formando protestas contra las autoridades de Berlín Oeste y el grupo editorial conservador Axel Springer SE, acusados se ser los autores intelectuales. En éste último caso, hubo tensos y violentos disturbios en su sede, y la violencia se extendió por el resto de la Semana Santa, paralelo a un boicot contra los diarios de la empresa.

Para hacer el cuento corto, Bachmann fue enjuiciado, encontrado culpable de intento de asesinato y condenado a siete años de prisión.

En mi opinión, lo verdaderamente interesante del caso no es el atentado en sí, sino lo que ocurrió después. A ocho meses del terrible incidente (7 de diciembre de 1968), Bachmann, estando en prisión, recibió una carta desde Milán de nada más y nada menos que de Rudi Dutschke.

Comenzaba así:

¡Querido Josef Bachmann!

No te pongas nervioso. Lee esta carta o bótala. Querías acabar conmigo. Pero si lo hubieras hecho, las camarillas gobernantes de Kiesinger (sic) a Springer, de Barzel a Thedden, habrían hecho lo mismo contigo.

Voy a darte una sugerencia: No dejes que te ataquen, ataca a las camarillas gobernantes. ¿Por qué te han condenado a una vida de mierda? ¿Por qué querrías destruirte y destruir también a las masas dependientes de nuestro pueblo, destruir tus sueños y tus posibilidades de desarrollarte?

Para los cerdos que están en las instituciones gobernantes, para los representantes del capital, (…) para los fascistas de partido que están en contra de las masas y que están en todas partes, para ellos tienen que trabajar todos los días.

En los pocos días de la revolución alemana de 1918, las masas lograron la jornada laboral de ocho horas. Cincuenta años después, nuestro pueblo aún lucha por mantenerse (…) Y los estudiantes e intelectuales habían participado hasta ahora de su explotación.

Para nosotros, los estudiantes sólo valen si regresan con la gente. Los intelectuales y los artistas tienen que combinar su creatividad con la vida del pueblo, trabajar con ellos, apoyarlos, cambiarlos y así cambiar a uno mismo

¿Qué opinas de esa propuesta?

Tengo muchos años trabajando en el campo y en las fábricas. Muchos de los que ya hemos terminado la Universidad, ahora integramos un grupo en el proceso productivo, para preparar la revolución. Así que no nos dispares: lucha por ti y por tu clase.

No intentes suicidarte más, el socialismo antiautoritario tiene un lugar para ti.

Rudi Dutschke.

Como temía que Bachmann no le fuese permitida la carta, la envió a los medios de comunicación. Días después, el 31 de diciembre, Dutschke envió una segunda misiva:

¡Querido Josef Bachmann!

Te escribo una vez más. No sé si recibiste mi carta anterior. De todas formas, el año 1968 ya está llegando a su fin (…) y esperamos algo mejor en 1969.

(…) Acabo de empezar a leer y a pensar. Ni siquiera podía leer después de los disparos, y tenía que volver a aprenderlo todo, pero aquí estoy. En realidad no estoy enojado contigo. Detesto “la ley y el orden” que existen en este país de mierda.

Probablemente ya hayas oído de que estoy luchando contra los estalinistas en el este y los capitalistas en el oeste. En la RDA no podía estudiar porque me rehusé a prestar el servicio militar. No me permitieron estudiar porque me rebelé en la secundaria.

El estalinismo y el fascismo, la forma más alta del capitalismo, trabajan juntos. El fascismo y la “ley y orden” existente en la República Federal se diferencian sólo en el pasado. No creo que sigas siendo un fascista, o de que incluso seas uno. El suicidio es una cobardía, especialmente si tú tienes una larga vida por delante. Estoy seguro de que podrás empezar una vida nueva y libre dentro de muy poco tiempo.

Rudi Dutschke.

P.D.: Si quieres escribirme, por favor contacta a Horst Mahler, 1 Berlin 15, Konstanzer Straße 59.

Claro y conciso: era el perdón de una víctima hacia su victimario. Sería todo un desafío siquiera imaginar lo que sintió Bachmann al leer las dos cartas. No sabremos con exactitud cuáles de sus hormonas estallaron en torrentes, o cuál fue su primer pensamiento, o la tormenta de ideas y de emociones que se apoderaban de él mientras leía y mientras meditaba sobre las palabras que le decía la persona a la que tanto odiaba. Algunos dicen que Bachmann trató de ignorarlo en gran medida, pero el hecho es que, luego de diez meses de reflexión, Bachman le respondió (1 de octubre de 1969):

¡Querido Rudi Dutschke!

Quiero escribirte por segunda vez. No sé si ha recibido mi primera carta. Por supuesto, yo también quiero darle las gracias por sus dos cartas, las cuales he recibido con mucha alegría. La segunda carta, sobre el profesor Helmut Gollwitzer, me ha permitido tener una mejor visión de usted de la que yo tenía antes.

Quiero expresarle nuevamente mi arrepentimiento sobre lo que le hice. Sólo puedo desearle que su futuro y su carrera profesional, que para Ud. recién acaba de empezar, no le suponga un daño físico grave.

Ahora me siento un poco mejor respecto a los primeros meses en los que quería suicidarme por cualquier medio posible. Espero recuperarme y que vuelva a brillar el sol para mí algún día, y si no, aún tengo tiempo para largarme de este planeta de mierda.

Mi opinión sobre la situación política actual de Alemania es, en general, buena. Nuestra calidad de vida es una de las más altas del mundo. Todo el mundo tiene trabajo y pan, cualquiera puede estudiar y hacer lo que le dé la gana.

Sólo me pregunto: ¿por qué manifestarse contra lo que ustedes se manifiestan? ¿Por qué dejar a la clase obrera y al sistema actual en manos de criminales como Ulbricht y sus camaradas? He estado a menudo en Berlín Este y tuvo mucho contacto con los jóvenes de ahí. ¡Yo mismo vengo del este! Cuando uno oye hablar a esos jóvenes, no es de extrañarse que yo haya orientado mi odio hacia todo lo que es bolchevique y comunista. Por eso es que yo no quiero que usted se convierta en uno de ellos.

Pude haberme formado una opinión totalmente equivocada de ti. Tal vez usted tiene razón cuando dice que nuestra época de tranquilidad y de orden ha llegado a su final. Si le he entendido bien, usted y sus camaradas lo que quieren es lograr un sistema mejor del que tenemos ahora. Pero luego hay que preguntarse cómo debería ser éste (…)

Dubček en la CSSR (República Socialista de Checoslovaquia) sólo quería un poco de libertad para su pueblo, que estaba brutalmente oprimido y explotado por el comunismo ruso. Todo el mundo sabe que el comunismo y el nacionalsocialismo sólo quieren esclavizar y oprimir a la humanidad. Por eso hoy la República Federal vigila a los movimientos de izquierda y a los que le hacen un guiño al este.

Con esto quisiera cerra y desearle, Rudi Dutschke, todo lo mejor y que tenga buena suerte en su futuro.

Es así como dos antiguos enemigos, cuyo primer y único encuentro había sido de la peor manera posible, se sentaban a tratar sus diferencias en términos cordiales y en un lenguaje que las balas nunca hablarán.

Bachmann y Dutschke no intercambiaron más cartas. Tiempo después, éste se fue al Reino Unido para estudiar en la Universidad de Cambridge, donde se graduó. Aquél, por su parte, durante su tiempo en prisión estuvo pensando mucho en la correspondencia y se mostraba notablemente impresionado. Sin embargo, se dice que como no recibió más cartas de Dutschke, Bachmann recayó en una fuerte depresión. En la noche del 23 al 24 de febrero de 1970, Bachmann se suicidó asfixiándose una bolsa de plástico sobre su cabeza.

Sólo cinco personas asistieron a su funeral. Entre ellos estaba Horst Mahler, el abogado de Dutschke, quien en su nombre colocó un ramillete de flores con un listón en el que se leía: “A una víctima de la sociedad de clases.” Cuando se enteró de su deceso, Dutsche también sufrió una recaída en las consecuencias de sus daños cerebrales. En 1971, el Gobierno británico los declaró a él y a su esposa como “extranjeros indeseables implicados en actividades subversivas.” De ahí, se radicó Århus, Dinamarca. Mientras estaba en la bañera durante la Nochebuena de 1979, Dutschke sufrió un ataque epiléptico y murió ahogado.

Esta historia que les acabo de contar nos recuerda que los radicalismos, vengan de donde vengan y sean del género que sean, nunca son convenientes y traen más daños que beneficios. La ambición y los sueños de grandeza son aceptables y aplaudidos, pero las posiciones radicales constituyen su degeneración y mellan la capacidad de reflexión de quien las tiene. Lo deseable en este tipo de casos es la escogencia del diálogo y el debate pacífico. Hablando se entiende la gente. Siempre se debe ponderar la sindéresis y la capacidad de raciocinio aún en momentos de conflicto, y para eso debe haber una intención sincera de las partes, sin agendas ocultas, con tal de sacar el mejor provecho posible para todos sin que nadie tenga que ceder en sus respectivas posiciones.

Ése es mi deseo en este nuevo año que se inicia en las próximas horas. Mantengamos nuestras posiciones, pero procuremos un diálogo a fin de lograr los mejores resultados posibles para todos. Que esto se aplique en todos los ámbitos posibles y en todas las áreas de la actividad que estemos realizando y que vayamos a realizar.

Feliz Año 2014.

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En la camioneta…

(Basado en un hecho que tal vez llegue a ser real)

Un joven en proceso de convertirse en delincuente se sube con pistola al cinto, bien escondida, a una camioneta en el oeste de Caracas. Hace un recorrido normal hasta el punto donde se quiere bajar y proseguir su camino. En el momento de aproximarse a la salida para pagar, ve una oportunidad para dar una demostración de su pretendido malandrismo e impartir miedo a quienes estén cerca de él.

Le da al conductor un billete de dos bolívares, a sabiendas que el pasaje al día de hoy (4-12-2012) tiene el precio de cuatro.

El conductor le mira intrigado. Le había pasado sólo dos veces, y por descuidos. Pero en esta ocasión, el pasajero se le queda viendo de manera desafiante.

— Son cuatro — dice el chofer.

— ¡Yo sé que son cuatro, güevón! (sic)  ¿Qué pasa?

— Nada, chamo, que son cuatro bolívares.

— Bueno, ¿y si no me da la gana de darte los cuatro bolívares, gafo? —  dice el delincuente, agitando un brazo para realzar el efecto intimidatorio.

— ¡Yo no sé, chamo, yo sólo sé que el pasaje son cuatro bolos!

Ya suficientemente extrañado de que el chofer peleara tanto, porque uno normal ya le hubiera dicho que se fuera por el miedo, el aplicante a delincuente sentencia: — Bueno, pa’ mi son dos bolos, pue’ — dice mientras saca lentamente su pistola del cinto, para exclamación del resto de los pasajeros de la camioneta.

Y, en tres movimientos, el chofer saca a relucir y recarga una AK-47, con la que le apunta directo a sus genitales.

— Te faltan dos, amigo.

— ¿Los quieres en monedas de cincuenta, mi pana? — dijo el delincuente al meter su mano nerviosa en el bolsillo.

MORALEJA: El otro no es más macho que tú porque no te tenga miedo, sino porque tiene un arma más grande que la tuya, y de paso mucho mejor.