“Sobre el dolor de otro”, de William Blake

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Detail,_Voyage_of_Life,_Old_Age._Thomas_Cole..JPG

Detalle de “El viaje de la vida: senectud” (1842), de Thomas Cole. Galería Nacional de Arte, Washington D.C.

¿Puedo ver el dolor de otro
y no dolerme también?
¿Puedo ver la pena de otro
y no buscarle consuelo?

¿Puedo una lágrima ver
sin sentir que la comparto?
¿Puede sollozar un niño
sin que el padre se conduela?

¿Puede escuchar una madre
a un niño que gime y teme?
¡No, esto no puede ser!
¡Nunca, nunca puede ser!

¿Puede el que a todo sonríe
del régulo oír las penas,
oír del ave los pesares,
las congojas de los niños,

sin sentarse junto al nido
y verter piedad en su alma,
sin acercarse a la cuna
y en sus lágrimas llorar,

sin quedarse noche y día
sus lágrimas enjugando?
¡Oh!, esto jamás podrá ser.
Nunca, nunca podrá ser.

Él da a todos su alegría,
se torna en pequeño niño
y en un hombre dolorido;
Él también la pena siente.

Ni un solo suspiro exhalas
sin que tu Dios esté cerca;
ni una lágrima derramas
sin que a tu lado esté Dios.

¡Oh! Él nos da sus alegrías
y nuestra congoja vence;
hasta que huye nuestra pena
vive en nosotros y gime.

Tomado de Cantos de Inocencia (1789).

El muerto caminante y el asesino fallido

Momentos después del atentado a Rudi Dutschke, 11 de abril de 1968.

Momentos después del atentado a Rudi Dutschke, 11 de abril de 1968.
Imagen tomada de Rudi Dutschke, disponible en Keirin Berlin.de.

Su nombre era Josef Bachmann. Nació en Reichenbach im Vogtland, Alemania, en 1944. Tuvo un padre muy desinteresado, en el sentido de que jamás le prestó atención, nunca se preocupó por darle cuidados y mucho menos amor. En cambio, su tío era quien funcionaría como una figura paterna, siendo un librepensador que fue encarcelado en una prisión de la Alemania Oriental bajo cargos de “agitación política”; es decir, por criticar públicamente a los políticos. Finalmente, toda la familia emigró al lado occidental en 1956 y se asentó en el Ruhr.

Josef fue un niño con problemas. Desde muy pequeño había sido internado en un hospital al diagnosticársele tuberculosis pulmonar. Ya de grande, se caracterizó por tener un pobre rendimiento en la escuela. Comenzó laborando como obrero, pero fue incapaz de tener un trabajo estable, y a menudo se involucraba en robos y hurtos. Intentó buscar suerte en Francia, pero fracasó y tuvo que regresar a Alemania, donde fue trabajador del hierro y pintor de casas. Para compensar sus posibles sentimientos de inferioridad y minusvalía, así como buscar drenar su furia a causa de una vida llena de frustraciones, Bachmann se juntaba con grupos de extrema derecha y posibles neonazis, practicaba frecuentemente tiro al blanco con ellos, conservaba un retrato de Hitler en su apartamento y se volvió un ávido lector del Deutsche National-Zeitung. Era entonces la época de un fuerte enfrentamiento entre el gobierno de la Alemania Occidental y la Fracción del Ejército Rojo, un movimiento guerrillero urbano de izquierda radical.

Rudi Dutschke, 1968.

Rudi Dutschke, 1968.
Imagen tomada de Homenaje al asesinado líder de revueltas de 1968, disponible en la Deutsche Welle.

Un día, Bachmann encontró un encartado dentro del National-Zeitung en el que había una foto de un dirigente estudiantil izquierdista, con la inscripción: “¡Detengan a Dutschke ahora! De lo contrario habrá guerra civil”, y fotos del personaje aludido. Este estudiante, Rudi Dutschke, apodado informalmente como “Rudi el Rojo”, era uno de los líderes más connotados del movimiento estudiantil izquierdista (el “Movimiento del 68”) en Alemania Occidental y Berlín Oeste. Aunque era claramente un socialista y anti-imperialista que se manifestaba virulentamente contra la actividad estadounidense en la Guerra de Vietnam, no coincidía mucho con el perfil clásico del revolucionario sesentoso: se opuso a toda forma de dictadura, incluso a la de los países del Pacto de Varsovia, apoyaba el surgimiento de los países del tercer mundo, y creía en Dios. Aún así, era visto como peligroso por la extrema derecha, y la fijación de Bachmann con Dutschke creció hasta que tomó una decisión.

El 10 de abril de 1968, con 23 años de edad, Bachmann se trasladó desde Múnich hasta Berlín Oeste. Al día siguiente, el 11 de abril (un Jueves Santo), Bachmann se apostó cerca de la sede de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes (SDS por sus siglas originales), en el cruce de la Avenida Kurfürstendamm con la Joachim-Friedrich-Straße, y allí esperó a que Dutschke pasara por el sitio. Como en efecto ocurrió.

Dutschke salió en su bicicleta para ir a una farmacia, y en ese momento, a las 4.38 pm, Bachmann se le acercó y le preguntó: “¿Usted es Rudi Dutschke?”. Su interlocutor, sin temer nada malo, le respondió que sí. Fue entonces cuando Bachmann le gritó sonoramente:

Du dreckiges Kommunistenschwein!

(¡Sucio cerdo comunista!)

Y le disparó tres veces.

Primero en la cabeza, luego otra vez, y dando el último en un hombro. Con la conmoción del momento, Bachmann se dio a la fuga y se escondió en un taller de carrocería cercano. Dutschke, ante la mirada atónita de los transeúntes, se tambaleó por la calle y logró balbucear unas incoherencias antes de caer desmayado. Mientras tanto, Bachmann engullió unas pastillas para dormir intentando de suicidarse -sin éxito-, a medida que se enfrentaba a tiros con la policía, que terminó por arrestarlo. Más tarde, declararía su frustración al saber que Dutschke seguía vivo.

Sí. Por increíble que parezca, Dutschke sobrevivió a tales heridas fatales. Quedó, sin embargo, con un daño cerebral tan grave que tuvo que volver a aprender a hablar y leer otra vez, además de recuperar su memoria. Los izquierdistas indignados respondieron al atentado formando protestas contra las autoridades de Berlín Oeste y el grupo editorial conservador Axel Springer SE, acusados se ser los autores intelectuales. En éste último caso, hubo tensos y violentos disturbios en su sede, y la violencia se extendió por el resto de la Semana Santa, paralelo a un boicot contra los diarios de la empresa.

Para hacer el cuento corto, Bachmann fue enjuiciado, encontrado culpable de intento de asesinato y condenado a siete años de prisión.

En mi opinión, lo verdaderamente interesante del caso no es el atentado en sí, sino lo que ocurrió después. A ocho meses del terrible incidente (7 de diciembre de 1968), Bachmann, estando en prisión, recibió una carta desde Milán de nada más y nada menos que de Rudi Dutschke.

Comenzaba así:

¡Querido Josef Bachmann!

No te pongas nervioso. Lee esta carta o bótala. Querías acabar conmigo. Pero si lo hubieras hecho, las camarillas gobernantes de Kiesinger (sic) a Springer, de Barzel a Thedden, habrían hecho lo mismo contigo.

Voy a darte una sugerencia: No dejes que te ataquen, ataca a las camarillas gobernantes. ¿Por qué te han condenado a una vida de mierda? ¿Por qué querrías destruirte y destruir también a las masas dependientes de nuestro pueblo, destruir tus sueños y tus posibilidades de desarrollarte?

Para los cerdos que están en las instituciones gobernantes, para los representantes del capital, (…) para los fascistas de partido que están en contra de las masas y que están en todas partes, para ellos tienen que trabajar todos los días.

En los pocos días de la revolución alemana de 1918, las masas lograron la jornada laboral de ocho horas. Cincuenta años después, nuestro pueblo aún lucha por mantenerse (…) Y los estudiantes e intelectuales habían participado hasta ahora de su explotación.

Para nosotros, los estudiantes sólo valen si regresan con la gente. Los intelectuales y los artistas tienen que combinar su creatividad con la vida del pueblo, trabajar con ellos, apoyarlos, cambiarlos y así cambiar a uno mismo

¿Qué opinas de esa propuesta?

Tengo muchos años trabajando en el campo y en las fábricas. Muchos de los que ya hemos terminado la Universidad, ahora integramos un grupo en el proceso productivo, para preparar la revolución. Así que no nos dispares: lucha por ti y por tu clase.

No intentes suicidarte más, el socialismo antiautoritario tiene un lugar para ti.

Rudi Dutschke.

Como temía que Bachmann no le fuese permitida la carta, la envió a los medios de comunicación. Días después, el 31 de diciembre, Dutschke envió una segunda misiva:

¡Querido Josef Bachmann!

Te escribo una vez más. No sé si recibiste mi carta anterior. De todas formas, el año 1968 ya está llegando a su fin (…) y esperamos algo mejor en 1969.

(…) Acabo de empezar a leer y a pensar. Ni siquiera podía leer después de los disparos, y tenía que volver a aprenderlo todo, pero aquí estoy. En realidad no estoy enojado contigo. Detesto “la ley y el orden” que existen en este país de mierda.

Probablemente ya hayas oído de que estoy luchando contra los estalinistas en el este y los capitalistas en el oeste. En la RDA no podía estudiar porque me rehusé a prestar el servicio militar. No me permitieron estudiar porque me rebelé en la secundaria.

El estalinismo y el fascismo, la forma más alta del capitalismo, trabajan juntos. El fascismo y la “ley y orden” existente en la República Federal se diferencian sólo en el pasado. No creo que sigas siendo un fascista, o de que incluso seas uno. El suicidio es una cobardía, especialmente si tú tienes una larga vida por delante. Estoy seguro de que podrás empezar una vida nueva y libre dentro de muy poco tiempo.

Rudi Dutschke.

P.D.: Si quieres escribirme, por favor contacta a Horst Mahler, 1 Berlin 15, Konstanzer Straße 59.

Claro y conciso: era el perdón de una víctima hacia su victimario. Sería todo un desafío siquiera imaginar lo que sintió Bachmann al leer las dos cartas. No sabremos con exactitud cuáles de sus hormonas estallaron en torrentes, o cuál fue su primer pensamiento, o la tormenta de ideas y de emociones que se apoderaban de él mientras leía y mientras meditaba sobre las palabras que le decía la persona a la que tanto odiaba. Algunos dicen que Bachmann trató de ignorarlo en gran medida, pero el hecho es que, luego de diez meses de reflexión, Bachman le respondió (1 de octubre de 1969):

¡Querido Rudi Dutschke!

Quiero escribirte por segunda vez. No sé si ha recibido mi primera carta. Por supuesto, yo también quiero darle las gracias por sus dos cartas, las cuales he recibido con mucha alegría. La segunda carta, sobre el profesor Helmut Gollwitzer, me ha permitido tener una mejor visión de usted de la que yo tenía antes.

Quiero expresarle nuevamente mi arrepentimiento sobre lo que le hice. Sólo puedo desearle que su futuro y su carrera profesional, que para Ud. recién acaba de empezar, no le suponga un daño físico grave.

Ahora me siento un poco mejor respecto a los primeros meses en los que quería suicidarme por cualquier medio posible. Espero recuperarme y que vuelva a brillar el sol para mí algún día, y si no, aún tengo tiempo para largarme de este planeta de mierda.

Mi opinión sobre la situación política actual de Alemania es, en general, buena. Nuestra calidad de vida es una de las más altas del mundo. Todo el mundo tiene trabajo y pan, cualquiera puede estudiar y hacer lo que le dé la gana.

Sólo me pregunto: ¿por qué manifestarse contra lo que ustedes se manifiestan? ¿Por qué dejar a la clase obrera y al sistema actual en manos de criminales como Ulbricht y sus camaradas? He estado a menudo en Berlín Este y tuvo mucho contacto con los jóvenes de ahí. ¡Yo mismo vengo del este! Cuando uno oye hablar a esos jóvenes, no es de extrañarse que yo haya orientado mi odio hacia todo lo que es bolchevique y comunista. Por eso es que yo no quiero que usted se convierta en uno de ellos.

Pude haberme formado una opinión totalmente equivocada de ti. Tal vez usted tiene razón cuando dice que nuestra época de tranquilidad y de orden ha llegado a su final. Si le he entendido bien, usted y sus camaradas lo que quieren es lograr un sistema mejor del que tenemos ahora. Pero luego hay que preguntarse cómo debería ser éste (…)

Dubček en la CSSR (República Socialista de Checoslovaquia) sólo quería un poco de libertad para su pueblo, que estaba brutalmente oprimido y explotado por el comunismo ruso. Todo el mundo sabe que el comunismo y el nacionalsocialismo sólo quieren esclavizar y oprimir a la humanidad. Por eso hoy la República Federal vigila a los movimientos de izquierda y a los que le hacen un guiño al este.

Con esto quisiera cerra y desearle, Rudi Dutschke, todo lo mejor y que tenga buena suerte en su futuro.

Es así como dos antiguos enemigos, cuyo primer y único encuentro había sido de la peor manera posible, se sentaban a tratar sus diferencias en términos cordiales y en un lenguaje que las balas nunca hablarán.

Bachmann y Dutschke no intercambiaron más cartas. Tiempo después, éste se fue al Reino Unido para estudiar en la Universidad de Cambridge, donde se graduó. Aquél, por su parte, durante su tiempo en prisión estuvo pensando mucho en la correspondencia y se mostraba notablemente impresionado. Sin embargo, se dice que como no recibió más cartas de Dutschke, Bachmann recayó en una fuerte depresión. En la noche del 23 al 24 de febrero de 1970, Bachmann se suicidó asfixiándose una bolsa de plástico sobre su cabeza.

Sólo cinco personas asistieron a su funeral. Entre ellos estaba Horst Mahler, el abogado de Dutschke, quien en su nombre colocó un ramillete de flores con un listón en el que se leía: “A una víctima de la sociedad de clases.” Cuando se enteró de su deceso, Dutsche también sufrió una recaída en las consecuencias de sus daños cerebrales. En 1971, el Gobierno británico los declaró a él y a su esposa como “extranjeros indeseables implicados en actividades subversivas.” De ahí, se radicó Århus, Dinamarca. Mientras estaba en la bañera durante la Nochebuena de 1979, Dutschke sufrió un ataque epiléptico y murió ahogado.

Esta historia que les acabo de contar nos recuerda que los radicalismos, vengan de donde vengan y sean del género que sean, nunca son convenientes y traen más daños que beneficios. La ambición y los sueños de grandeza son aceptables y aplaudidos, pero las posiciones radicales constituyen su degeneración y mellan la capacidad de reflexión de quien las tiene. Lo deseable en este tipo de casos es la escogencia del diálogo y el debate pacífico. Hablando se entiende la gente. Siempre se debe ponderar la sindéresis y la capacidad de raciocinio aún en momentos de conflicto, y para eso debe haber una intención sincera de las partes, sin agendas ocultas, con tal de sacar el mejor provecho posible para todos sin que nadie tenga que ceder en sus respectivas posiciones.

Ése es mi deseo en este nuevo año que se inicia en las próximas horas. Mantengamos nuestras posiciones, pero procuremos un diálogo a fin de lograr los mejores resultados posibles para todos. Que esto se aplique en todos los ámbitos posibles y en todas las áreas de la actividad que estemos realizando y que vayamos a realizar.

Feliz Año 2014.

Personas muy importantes

Tomado de DefiniciónABC.com

Tomado de DefiniciónABC.com

Hoy es viernes. El martes pasado nació el hijo de Piqué y Shakira, un bebé llamado Milan, y hasta el día de hoy no han parado de hablar de eso en los rincones de la farándula. Desde los chismógrafos matutinos hasta los noticieros más serios, pasando por, créase o no, publicaciones serias sobre deporte, la entrada en existencia del niño se ha catapultado como el suceso del año. Y eso que han pasado apenas tres semanas. Independientemente de cómo sea tratado en los medios, la importancia que se le da al nacimiento de un hijo de personas notables pasó de ser comprensible a algo innecesario. La noticia de un nacimiento es siempre un hecho feliz, pero hacer tanto hincapié en la noticia se vuelve fastidioso, y hasta insultante.

Si yo un día me caso con Y. y tenemos un hijo, ese bebé tendrá, a juicio de la prensa, menos importancia que el hecho que Milan haya nacido. Mi hijo y el de cualquier mujer en la faz de la tierra tienen la misma importancia porque todos venimos al mundo en las mismas condiciones, y eso no debe excluir a los hijos de las personas “muy importantes”.

El concepto de Persona Muy Importante, VIP según sus siglas en ruso y en lengua imperial, y la existencia de espacios reservados sólo para ellos, son ofensivos de por sí. La etiqueta es engañosa de por sí. Te consideras una persona importante y útil, porque tu familia o tu autoestima te lo dice, pero no puedes acceder a estos puntos a menos que tengas una cuantiosa cantidad de dinero en mano. Y aún si logras entrar, tienes que lidiar con las miradas discriminatorias de los usuarios habituales, quienes te escrutan de arriba abajo como si fueras una especie de extranjero, tratando de repetirte hasta el cansancio que no perteneces aquí y que eres menos que ellos.

El término VIP se originó en la década de 1920 para referirse a los integrantes de la Emigración Blanca, los antiguos nobles rusos que tuvieron que escapar de los bolcheviques en 1917. Éstas individuos perdieron casi todos los privilegios que estaban implícitos en sus títulos, pero buscaban apoyarse entre ellos luego de haber caído en desgracia. En 1927, el diario de la comunidad rusa en Francia empezó a publicar avisos ofreciendo viajes entre París y Londres para las “Personas Muy Importantes” (Весьма Именитая Персона, “ves’ma imenitaia persona”). Semejante trato resultaba reconfortante para aquellos expatriados, puesto que les recordaba que pese al destierro, seguían conllevando la nobleza dentro de sí, lo que les ayudaba a hacer la realidad más llevadera. Tomando esta misma acepción, el acrónimo fue adaptado al idioma inglés y comenzó a aplicarse a personalidades destacadas en todos los ámbitos habidos y por haber, especialmente los políticos, económicos y sociales.

De modo que este concepto busca establecer una distinción entre las personas comunes y corrientes y los que por cualesquiera razones deben ser tratados como seres por encima del promedio. Seres a los que deben tener mejor atención y merecer mejor trato que la gente común. El VIP merece mejores cosas que el resto de la gente no sólo porque tiene dinero, sino porque no es cualquier tipo de persona, sino una que es y se ve “muy importante”. Pongamos por ejemplo un restaurante en el que está un tipo enflusado con su acompañante, léase chica prepago. En otra mesa está alguien como yo, común y corriente. El otro tipo exuda dinero, queriéndolo o no, y pide de las cosas más caras en el menú en todas los apartados. Yo, que aparento algo dentro del renglón medio, no me ponen tanta atención ni se preocupan por traerme las cosas con la misma celeridad que con el hombre de la corbata, a quien el mesonero procura extenderle el mejor servicio posible para que se encante, siga quedándose y pidiendo más cosas, para al final hacerse acreedor de una jugosa propina de cien bolívares. Por cosas como éstas también se puede deducir que, si bien el VIP no advierte tu presencia o siquiera tu presencia, se da a lugar a una especie de discriminación indirecta por parte de terceros, causada por el irresistible magnetismo de este tipo de personas. Creo que a todos, sea en escenarios, personajes o circunstancias levemente parecidas, nos ha ocurrido algo así.

La etiqueta de VIP, entonces, viene a ser uno de los símbolos inequívocos de lo frívola que se ha convertido la sociedad mundial moderna. Es similar en impacto a otras definiciones que se inventan para intentar disfrazar la arrogancia, como dama de sociedad o, más recientemente, socialité. Es una de las formas que ha tomado el fascismo cultural para sobrevivir hasta nuestros tiempos, discerniendo quienes son mejores y quienes son peores, quiénes merecen ser aceptados y quiénes deben ser rechazados, quienes merecen el bidé de oro y quienes deben ser reubicados en un campo de concentración.

Y, por último pero no menos importante, es engañosa, porque todos los seres humanos somos importantes de una y otra forma. Somos útiles en lo nuestro, somos queridos por nuestras cosas buenas y somos odiados por el mal que hacemos. Que nos busquen para pedir nuestro consejo o que hablen mal a nuestras espaldas. De cualquier forma somos importantes. Son nuestras familias y nuestros amigos los que nos dan importancia, para bien o para mal. Y nosotros, por dignidad, no debemos dejar que nadie nos diga que no valemos tanto como ellos, que no rellenamos sus zapatos en lo más mínimo. Nadie, absolutamente nadie, tiene la autoridad de venir a decirnos que no somos importantes para nadie o para nada. Somos quienes somos y quienes queremos ser, y con eso tenemos ya algo suficientemente bueno.

Mientras tanto yo, como mucha gente común y corriente, seguiré con las cosas que me gustan y estar en contacto con la gente más próxima a mí. Al menos sé que para ellos tengo importancia, sin lugar a dudas.

Salesman Blues

El oficio de vendedor es un oficio difícil.

Es un trabajo arduo, en el que uno debe moverse a mayor o menor velocidad o distancia, teniendo todo un mundo por delante que debe conquistar. No porque quiera, sino porque debe. Pero a pesar de eso, el oficio de vendedor tiene ciertas bondades.

Digo que es un oficio porque en mi humilde opinión para eso no se estudia. Es una habilidad natural, que se explota y se pule. Para eso se nace y se hace con el paso del tiempo. No se convierte uno en vendedor de la noche a la mañana: se tiene que tener cierto grado de “don de gente”. Caer bien y agradar instantáneamente, cosa para la que no todos estamos hechos.

Y digo también que tiene sus bondades porque nos induce a ver la belleza de cada cosa. Por regla general, todo vendedor debe saber ver lo único, lo benigno, lo eterno y lo intransferible en nuestros productos. Lo que llevamos en nuestro maletín es una caja de maravillas, es una especie de actor que introducimos en el escenario inmerso en la mente y en el corazón de nuestros clientes. Llevamos el universo en nuestra mano.

Pero no todos saben verlo, ya porque ya lo hicieron en algún momento del pasado, porque no pueden o simplemente porque no quieren verlo. En estos dos últimos casos, ello demuestra que nuestro poder de persuasión no es el mejor, ni nuestro carisma es el más envolvente. Fracasamos como vendedores. Fracasamos en lo que dependemos para vivir. Fracasamos en nuestras vidas.

Sí, el oficio de vendedor es uno pesado y difícil. Pese a eso, debemos sencillamente alzar el peso de nuestro cuerpo alicaído sobre nuestras rodillas y nuevamente continuar nuestro itinerario, secándonos las lágrimas y saber esbozar una sonrisa pese a las adversidades, empleando uno de los grandes talentos que tenemos como seres vivos, como es el poder de la auto-sanación, para una vez más emprender la conquista del mundo, teniendo la certeza de que esta vez la historia puede ser distinta.

Creatividad

Una vez, a eso de la medianoche, me hallaba como muchas veces en meditaciones sin tema y sin rumbo, mientras actualizaba un perfil mío en una conocida red social. Mientras llenaba las descripciones, algo que me parecía un tanto fastidioso ya que lo había hecho como diez veces más una en otros portales, comencé a reflexionar sobre los momentos creativos.

Yo creo, y ya lo adelantaba en un tweet hace unos días, que para dar rienda suelta a la creatividad y desarrollarla como nunca antes, hay que hacer dos cosas en concreto:

1. Abúrrase: Es decir, quédese quieto. Enciérrese en cuatro paredes, no encienda el televisor, ni la PC, ni la consola de juegos, ni nada. Procure no pasar mucho tiempo en algo que le divierta. Si quiere, puede jugar con una pelota de goma, pero que no pase de ahí. Verá cómo empieza a examinar cosas en profundo, a imaginar qué ha sido, qué pudo haber sido y qué podría ser, a divertirse dentro de su propia cabeza dado que no tiene más nada para hacerlo. Su mente buscará salida a la desesperante inquietud que tiene por vislumbrar algo interesante y maravilloso. Descubrirá así que “aburrirse” no es lo mismo que “aburrarse”.

Y 2. Busque un trabajo: Tal como lo leyó. No digo que hay que ser creativo para así mentir espectacularmente en los currículums, ingresar en un trabajo con falso mérito y decepcionar a todo el mundo cuando se requiera de esas “virtudes especiales”. Sino para que la información que se proporcione sea lo más envolvente y atractivamente posible, aún cuando la única experiencia laboral haya sido cambiar un billete de cien bolívares. He visto varios currículums bastante originales que lograron su cometido de llamar la atención. De hecho, les pertenecían a aspirantes que luego se convirtieron en compañeros de trabajo. Saber verse rentable en el mercado de trabajo sin tener que mentir sobre su trayectoria y sus aptitudes, puede ser una técnica poco común para desarrollar capacidad creativa. Y el impulso para esto puede ser considerable, ya que se trata de algo que necesitamos para vivir como gente adulta.

Éstas son algunas formas, no las únicas, para divertirse y ser productivos al mismo tiempo, especialmente cuando el mundo está en pausa y no ofrece nada por los momentos.