El rebelde, de José Antonio Ramos Sucre

José Antonio Ramos Sucre (1890-1930), tomado de Literanova.net

El cincelador italiano trabaja con el arcabuz al lado. Trata a los magnates de su siglo mano a mano y sin rebozo, arrogándose una majestad superior.

Sus pasiones no se coronan de flores, ajustándose a la imagen de Platón, muy celebrado en esos días, sino se exaltan y revuelven a la manera de la hueste épica de las amazonas.

Los cortesanos de un rey batallador lo saludan con un gesto de asombro y se dividen para formarle calle. Derrama en el suelo y a los pies del trono las dádivas de su arte seguro y de su numen independiente. Las joyas despiden en la oscuridad una luz convulsa y reproducen la vegetación caprichosa del mar y las quimeras del terror.

Se cree invulnerable y desahoga en aventuras y reyertas la índole soberbia. Aleja de tal modo las insinuaciones del amor y de los afectos humanos para seguir mereciendo el socorro de la salamandra y de la república volante de las sílfides.

De su poemario El cielo de esmalte, 1929.

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El aburrimiento según Susan Sontag

Hace unos meses publiqué mis hipótesis sobre estrategias que podemos seguir para estimular la imaginación y catalizar el proceso creativo. Uno de los puntos consistía en que el actor de aburrirse (o “ladillarse”, como decimos en la región) era esencial puesto que redirigía la atención sobre los rasgos de ciertas cosas que no siempre vemos en una primera pasada y así ir a un proceso de reelaborar la realidad.

Hoy me encontré con un artículo de Brain Pickings.org, sitio web manejado por Maria Popova, que reseñaba las ideas de Susan Sontag, plasmadas en sus diarios, sobre el aburrimiento como pieza esencial del proceso creativo en el arte, ideas que guardan algún tipo de relación con lo que yo he escrito sobre el tema. A continuación publico una traducción libre del texto de Sontag hecha por mí mismo con mis conocimientos moderados sobre el inglés, pero vigilando siempre la comprensión del mismo.

Función del aburrimiento. Bueno + Malo

[Arthur] Schopenhauer, el primer escritor importante en hablar sobre el aburrimiento (en sus Ensayos), lo equipara con el “dolor” como uno de los gemelos malvados de la vida (dolor por no tener, aburrimiento por tener — es una cuestión de afluencia).

La gente dice “Es aburrido”, como si ése fuere un criterio final sobre lo que aparenta, y que ninguna obra de arte tiene derecho a aburrirnos.

Pero el arte más interesante de nuestro tiempo es aburrido. Jasper Johns es aburrido. Beckett es aburrido. Robbe-Grillet es aburrido. Etc., etc.

Quizás el arte tiene que ser aburrido, hoy por hoy. (Lo que obviamente no significa que el arte aburrido es necesariamente bueno — obviamente.)

No deberíamos tener la expectativa de que el arte nos entretenga o nos divierta más. Al menos, no el arte fino.

El aburrimiento es una función de la atención. Estamos aprendiendo nuevas formas de aprendizaje — por ejemplo, favorecer más el oído que la vista —, pero mientras sigamos trabajando dentro del viejo nivel de atención, encontraremos X cosa aburrida… Ejemplo: escuchar por dar un sentido más que por el sonido mismo (estándose muy orientado al mensaje). Si después de una repetición constante de la misma frase o nivel de lenguaje o imagen por un largo tiempo — en un texto escrito o una pieza musical o una película — nos aburrimos, deberíamos preguntarnos si estamos operando dentro del nivel de atención correcto. O si quizás estamos operando en un solo nivel correcto, cuando en realidad deberíamos estar operando en dos de manera simultánea, reduciendo así la carga en cada una de ellas (como sentido y sonido).

Tomado de Brain Pickings.org, el cual a su vez citó a la compilación de escritos de Susan Sontag, As Conciousness Is Harnessed to Flesh: Journals and Notebooks, 1964-1980.

La victoria que habrá de llegar

Cuando nosotros hayamos pasado de las lágrimas a las sonrisas…

Cuando mejoremos…

Cuando el día de mañana ya no sintamos venir los nubarrones de la tormenta llegando desde el este, y todo sea siempre mediodía…

Cuando podamos transitar por nuestras calles sin mirar atemorizados hacia nuestra retaguardia y sin darle malas noticias a los nuestros…

Cuando sonriamos ante el mundo y podamos sentir la esperanza fluyendo por nuestras arterias…

Cuando hayamos creado un mundo donde todas las personas podamos convivir, podamos comprender, podamos crecer y podamos disentir sin destruir nada ni a nadie…

Cuando aceptemos la realidad como un bello regalo de Dios…

Cuando veamos el futuro como una maravilla, como el amor de la vida de uno, que hay que conquistar para vislumbrar más de cerca a la alegría…

Cuando cumplamos todos nuestros sueños y añoranzas…

Cuando finalmente nos hayamos entendido y valorizado a nosotros mismos…

Cuando nos sintamos satisfechos con lo que hemos creado, sabiendo que todo ha sido para bien nuestro y de los nuestros, pero también para el de los demás…

Cuando vivamos nuestra vida a plenitud y sin miedo…

¡Cuando sepamos que todo va a salir muy bien!

¡Entonces alcanzaremos la más suprema felicidad!

¡Ésa, amigos míos, será nuestra victoria!

¡La victoria de los que hoy sufren, de los que hoy lloran, de los que hoy se retuercen en el fango temblando de miedo y de impotencia!

¡De los que hoy no tienen ninguna esperanza!

¡De los que hoy son disminuidos contra los que ofenden con su arrogancia y su poder!

¡Contra los que hoy ríen y despliegan su sadismo sin vergüenza ni recodo!

¡Contra quienes hoy nos violan espiritualmente y destruyen todo lo que amamos y queremos!

¡Contra quienes hoy nos desean todo lo malo!

¡A ésos mismos habremos de sobreponernos!

¡Y nuestra victoria será la felicidad suprema!

Ésa, amigos míos, es la victoria que habrá de llegar.

Ése es el camino que Dios señala.

Salesman Blues

El oficio de vendedor es un oficio difícil.

Es un trabajo arduo, en el que uno debe moverse a mayor o menor velocidad o distancia, teniendo todo un mundo por delante que debe conquistar. No porque quiera, sino porque debe. Pero a pesar de eso, el oficio de vendedor tiene ciertas bondades.

Digo que es un oficio porque en mi humilde opinión para eso no se estudia. Es una habilidad natural, que se explota y se pule. Para eso se nace y se hace con el paso del tiempo. No se convierte uno en vendedor de la noche a la mañana: se tiene que tener cierto grado de “don de gente”. Caer bien y agradar instantáneamente, cosa para la que no todos estamos hechos.

Y digo también que tiene sus bondades porque nos induce a ver la belleza de cada cosa. Por regla general, todo vendedor debe saber ver lo único, lo benigno, lo eterno y lo intransferible en nuestros productos. Lo que llevamos en nuestro maletín es una caja de maravillas, es una especie de actor que introducimos en el escenario inmerso en la mente y en el corazón de nuestros clientes. Llevamos el universo en nuestra mano.

Pero no todos saben verlo, ya porque ya lo hicieron en algún momento del pasado, porque no pueden o simplemente porque no quieren verlo. En estos dos últimos casos, ello demuestra que nuestro poder de persuasión no es el mejor, ni nuestro carisma es el más envolvente. Fracasamos como vendedores. Fracasamos en lo que dependemos para vivir. Fracasamos en nuestras vidas.

Sí, el oficio de vendedor es uno pesado y difícil. Pese a eso, debemos sencillamente alzar el peso de nuestro cuerpo alicaído sobre nuestras rodillas y nuevamente continuar nuestro itinerario, secándonos las lágrimas y saber esbozar una sonrisa pese a las adversidades, empleando uno de los grandes talentos que tenemos como seres vivos, como es el poder de la auto-sanación, para una vez más emprender la conquista del mundo, teniendo la certeza de que esta vez la historia puede ser distinta.

Creatividad

Una vez, a eso de la medianoche, me hallaba como muchas veces en meditaciones sin tema y sin rumbo, mientras actualizaba un perfil mío en una conocida red social. Mientras llenaba las descripciones, algo que me parecía un tanto fastidioso ya que lo había hecho como diez veces más una en otros portales, comencé a reflexionar sobre los momentos creativos.

Yo creo, y ya lo adelantaba en un tweet hace unos días, que para dar rienda suelta a la creatividad y desarrollarla como nunca antes, hay que hacer dos cosas en concreto:

1. Abúrrase: Es decir, quédese quieto. Enciérrese en cuatro paredes, no encienda el televisor, ni la PC, ni la consola de juegos, ni nada. Procure no pasar mucho tiempo en algo que le divierta. Si quiere, puede jugar con una pelota de goma, pero que no pase de ahí. Verá cómo empieza a examinar cosas en profundo, a imaginar qué ha sido, qué pudo haber sido y qué podría ser, a divertirse dentro de su propia cabeza dado que no tiene más nada para hacerlo. Su mente buscará salida a la desesperante inquietud que tiene por vislumbrar algo interesante y maravilloso. Descubrirá así que “aburrirse” no es lo mismo que “aburrarse”.

Y 2. Busque un trabajo: Tal como lo leyó. No digo que hay que ser creativo para así mentir espectacularmente en los currículums, ingresar en un trabajo con falso mérito y decepcionar a todo el mundo cuando se requiera de esas “virtudes especiales”. Sino para que la información que se proporcione sea lo más envolvente y atractivamente posible, aún cuando la única experiencia laboral haya sido cambiar un billete de cien bolívares. He visto varios currículums bastante originales que lograron su cometido de llamar la atención. De hecho, les pertenecían a aspirantes que luego se convirtieron en compañeros de trabajo. Saber verse rentable en el mercado de trabajo sin tener que mentir sobre su trayectoria y sus aptitudes, puede ser una técnica poco común para desarrollar capacidad creativa. Y el impulso para esto puede ser considerable, ya que se trata de algo que necesitamos para vivir como gente adulta.

Éstas son algunas formas, no las únicas, para divertirse y ser productivos al mismo tiempo, especialmente cuando el mundo está en pausa y no ofrece nada por los momentos.

Filosofía y reflexión de la vida al estilo de Nietzsche

Crecí con tribulaciones, crecí con una rama caída delante de mis pies. Crecí mirando el horizonte de los mares, con una lágrima bajo mis párpados, con el hielo escurriéndose por mis fibras.

Crecí rechazando toda asistencia, crecí sin escuchar el consejo y la anécdota, haciendo oídos sordos a las declamaciones de los ancianos y desoyendo las oraciones de los sabios.

Crecí mal, crecí en las estepas, rondando el desvarío y la agitación, luchando contra un mundo hostil, entre el vicio y la ceguedad, sin brújula, sin remedio alguno.

Pero al menos crecí…

como yo quería.